Hoy es un día especial. Ana es una florista muy simpática. Ella prepara flores para la boda de Luis y Marta.
En la mañana, Ana llega a su taller. Ella dice:
“¡Buenos días, flores! Hoy vamos a hacer una boda muy divertida.”
Ana toma rosas, margaritas y girasoles. Con mucho cuidado, organiza los arreglos. Mientras arregla las flores, escucha su teléfono.
La voz es de la novia:
– Hola, Ana. ¿Puedes hacer un ramo con muchas margaritas?
Ana responde con humor:
– ¡Claro que sí! Pero cuidado, las margaritas me cuentan chistes y se van de risa. ¡No se me despeinarán!
Luis, el novio, llama después:
– Ana, ¿puedes poner girasoles en la mesa? Quiero que se rían los invitados.
Ana ríe y responde:
– ¡Por supuesto! Los girasoles son de buen humor, y siempre miran el sol, así que traerán alegría a la boda.
Mientras tanto, en la floristería, los pequeños cactus se juntan y murmuran:
– ¡Vamos a dar una fiesta espinosa!
Ana sonríe al escuchar la broma. Ella sabe que la botánica puede ser divertida.
Al final del día, la boda es un éxito. Los arreglos florales son hermosos y los invitados se sorprenden con la alegría y el humor. Todos dicen:
– ¡Qué boda tan florida y divertida!
Ana se siente feliz. Ella ama su trabajo y hace que cada evento tenga un toque especial. Con flores y risas, la boda se llena de color y alegría.